
Capitulo 3
La noche acabo muy bien, lo mejor fue que compartimos taxi y esta vez el pago todo, supongo que es reacio a los desconocido le pregunte porque pero él dijo que todavía era pronto para contar anécdotas o cosas que pasaron en nuestras vidas, eso era gracioso pero también agradable ya que no tenía que escuchar una historia aburrida de alguien que casi no conocía.
-hasta otro día marta- sonrió y cerro tras de sí la puerta se cerró.
“espero volver a verte Alberto” susurre, aunque algo me decía que volverle a ver no sería lo único que haría, también pensaba que no volvería a verle.
Pasaron los días, más bien 2 días. Alberto y yo no nos vimos tampoco intentamos llamarnos, aparte porque no nos intercambiamos los teléfonos, supongo que era el destino. Tampoco le di mucha importancia.
Después de estar ajetreada le envié un mensaje a marta para saber si nos podíamos ver, llevaba días sin verla, era mi mejor amiga, la que más quería era amiga mía desde la secundaria y no perdimos el contacto desde entonces. Cristina estaba casada, bueno recién casada con un hombre que todavía no he conocido mucho, es el típico hombre formal, trabajador y cariñoso, no hay mucha diferencia pero para ella si ¿no? Ya que ella se casó con él por algo que amaba y que no encontraba en los demás. No la entiendo, es decir, no entiendo su amor por él, tampoco he tenido relaciones que hayan durado más de 2 años, tampoco las quiero. Soy una mujer libre y con eso quiere decir que nadie me puede poseer totalmente, tiene sus ventajas pero también desventajas para los demás y sobre todo para los hombres.
-hola marta.
-hola cristina
Nosotras siempre nos íbamos de compras por el centro de todas las historias, recorríamos tiendas, comprábamos en ellas, y nos reíamos en ellas, éramos jóvenes y divinas solo teníamos 22 años que más queríamos, éramos guapas y divertidas, no unas sosas que lloran porque se hacen viejas o no saben vivir la vida, somos uña y carne. Una vez cuando nos aburríamos pintamos una pared de un edificio antiguo.
“malditas pero amiguitas para siempre”
El final de todo aquello fue en una cafetería cerca de una biblioteca. Allí sentanda y mirar a la gente pasar, observe que un muchacho con las manos en los bolsillos que me era familiar, cuando nuestras miradas se juntaron unas sonrisas con dientes blancos nos ilumino la memoria.

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